Poemas Impublicables

martes, 10 de noviembre de 2009















El Fantasma de la motoneta de carga

Marcelo Arancibia

a don P. N.


1


Distancia refugiada sobre llantas de espuma
Velocímetro con arranque de este mosco diábolico

Sácate los sesos y cresta y media en los rituales
disparado por entre las nubes y calles empinadas

y un olor a rumor de motoneta vieja
con chaqueta de cuero y huesos parchados


2


Litros de bencina quemada y tos de motociclista

de podridas caderas y hierros hecho polvo

calcomanías sobre el fuselaje despegado

con las tripas afuera que aúllan y lloran
En este ataúd en dos patas de ruedas peladas.


3


Chicas coléricas que tiran sus calzones con hondas

sus popas redomadas, tetas puntiagudas clavando las espaldas,
tirando los manubrios y perros mordiendo parachoques

cuando echado sobre el aire y ladeado como pluma por el viento

masco pastillas, trago saliva en las distancias,
impulsado veloz y pegado al sillín por un chicle de menta

hago un ruido de zancudo sobre agrias praderan que lloran
y de puro susto paso hecho un peo por los caminos tierra.


4


Moviendo el duro armatoste sobre las viejas calles

Corriendo y saltando sobre agujeros de amapolas

zanjas interiores, túneles pendulares, lomos de toros metafísicos
con cilindradas y mangueras cromadas de hechizo

revueltas en un día intermitente en paseos de mala muerte

con minas rubias y morenas, maracas chinas y animales grises

hembras desparramadas sobre un mar de gente

entre cadáveres de muñecas con ojos de colores


5


Sensibleras barrigas de mosquitas en leche,
camboyanas sin rollos ametralladas por la carretera

pobremente vestidas de gris, pacientemente
con blue jeans apretaditos y el trasero ajustado

Esperando en la sombra de un doloroso motel-museo

Que mi motoneta impotente les corra mano

Por sus focos quemados en lo oscurito.


6


Las carreteras exteriores de repente

Con bencina quemada y mancha de aceite repelente

se oye pasar, corriendo como un caballo opaco,
y empieza a patinar como yegua loca

con un ruido de pies de caballo en el agua,
con la refriega del neumático sobre las ranuras

rápidas, sumergiéndose otra vez en la mácula
dejando la huella marcadita sobre el pavimento

a plomo..


7


Nada más hay entonces que el tiempo encapsulado:

Y se me empieza a pasar la película de la vida
el tiempo en el desventurado comedor solitario,

Toda la vida en milésimas de segundos
inmóvil e invisible como una gran desgracia

Mientras uno va arrastrándose sobre la mancha de aceite quemado.


8


Olor de pellejo y tela densamente gastada,

se te va raspando el cuero y sacando chispas
y cebollas, y aceite, y aún más,

rayando el taco de goma y aún más
olor de alguien flotando en los rincones del boquete,

y te ves nadando sobre la profunda mancha de aceite
que te traga por el hoyo del zapato.


9



Olor a alguien sin nombre
y te ves desde cielo como otro gil despidiéndote

que baja como una ola de aire las escalas
tu alma separándose de tu cuerpo

y cruza corredores con tu cuerpo ausente
y corren esas imágenes de tu infancia

y observas con tus ojos que la muerte preserva.
y te miras a ti mismo cuando entras en la muerte

más morado y trajinado que sotana de obispo en misa.


10


Observa con tus ojos sin color, sin mirada,
te ves partiendo al otro mundo

lento, y pasas temblando, sin presencia ni sombra:
como si te perdieras entre las nubes lechosas

los sonidos que trasminan, las cosas que traspasas,

y la frenada que te arruga la moto si vai hecho una flecha
transparente y suda la silla dura de corcho quemado
y vai montado sin soltar el manubrio como a la cruz bendita del sepulcro.


11


Quién es este fantasma con cuerpo de vidrios rotos
Quién diablo es este ángel de plumas achurrascadas

con vuelo liviano de polilla nocturna
que gira sobre el asfalto con su casco de astronauta

y la rueda trasera que gira como aspa de molino loco

y tu voz de llanto o de risa que te abandona

con la cabeza amurallada y abollada de graffitis.


12


Cargados de tu ser desvanecido y vago:
con trozos de carne en la sartén fritanga del mediodía

los ropajes, las negras carpetas de asfalto,
echando abajo una torre de diarios, las cruces blancas del cementerio

el color de las cortinas y del suelo agrio,
el color melancólico de carreteras alquitranadas

todo sufrido y machucado por lento vacío de las venas
con las uñas raspadas y dedos rotos

y una respiración de ahogado que cuesta sacar a flote

Del miedo que te desliza y resbala

Y desciendes transparente por la cola de un resorte
y patinas y giras como un trompo de fuego

Y un aire frío que te corroe por dentro
y el viento oxidado que te corta el cara

Con el vidrio trasero de la motoneta hecha ovillo.


13


Y como puedes te apoyas sobre el manubrio de mármol

y miras el paisaje amargo que huye trás del bosque.

Y cachai que estai dando mil rebotes en la motoneta vieja

y piedras como huevillos se te clavan en el rostro,

Si sólo el deseo de vivir muriendo te mantiene conciente
el color blanco y tu olor a muerto de olvidado fantasma
y palpas el sabor oscuro de tus alas de ángel

la fresca sangre y la profunda mordida de tu vampiro que danza
sobre el aire lleno de humo negro

como aspas de fuego, te perfuma una corona de flores
y te hueles chamuscado, revolcado bajo la tumba.


14


Pero la fe en ti mismo hace que te mantengas despierto

Sin gastarse la piel; sin costumbre ni tiempo,
el hoyo sobre carretera; y el aceite quemado

verde los cristales que se meten por los ojos
lentes ahumados por litros, resbaladizo y caliente

tocas el negro estómago de la motoneta y su materia
y te quedai respirando con los fierros adentro

lavan, tus costras rotas, tus arrugas de hierro:
y la sangre que humedece tu rostro de viajero ignoto


15


Roen las aguas vivas la cáscara de mi motoneta vieja,
carcome tu sangre los fierros de su espinazo

traficando sus largas banderas de espuma
y vomitas la nada misma el completo palta mayo

y tus dientes que salen volando en gotas de leche suelta

Con la boca hecha pedazos por el quebrado impacto

en los rayos ultravioletas.


16


Miras al caído de la motoneta con tu rostro sin ojos:
ves al ángel gordo arrastrándose a penas sobre el cemento

el círculo del día, la tos del camello en harina, un pajarraco
aporreado, escupiendo humo, como si un tractor

le hubiese pasado sobre la cabeza con casco

y desciendes de nuevo a la vida como jinete de burro de carga
y bajas desde la altura de la muerte hasta la moto tartamuda con hipo.


17


Cayendo sobre el tiempo muerto en la quebrazón,
tropiezas sobre la chatarra de fierros torcidos

resbalando en las huinchas caliente de la cebra
y te levantas como puedes todo magullado

lento de aire y atmósfera y desolado espacio

Y alguien que fue testigo ocular del infernal accidente, te condice:

“¡De la que salvó amigazo, ésa no la cuenta de nuevo…!”

Y el fantasma espirituado que carga su motoneta en vilo

Sale mutis como el forro…



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